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Riesgo de arteriosclerosis: el tabaco

Son muchos los estudios epidemiológicos que han demostrado claramente la relación entre tabaco y arteriosclerosis. El consumo de cigarrillos aumenta el riesgo de padecer cáncer de bronco-pulmonar, de sufrir infarto de miocardio, muerte súbita y, por supuesto, de desarrollar una enfermedad vascular periférica.

El tabaco aumenta el riesgo coronario mediante la producción de dos efectos principales: aterogénicos (lesión de las células de las paredes sanguíneas, disminución del colesterol HDL y liberación de ácidos grasos libres) y trombogénicos (activación de las plaquetas, coagulación anormal y disminución de la producción de prostaciclina).

Además, el tabaco contribuye a la isquemia del miocardio al desequilibrar la disponibilidad de oxígeno, mediante la activación simpaticoadrenal, la vasoconstricción y la producción de carboxihemoglobina debida al monóxido de carbono.

El tabaco actúa como elemento potenciador de otros factores de riesgo como la hipertensión arterial, la diabetes y el colesterol sérico.  Cuando se abandona el tabaco el riesgo de muerte coronaria se reduce en un 50% al cabo de 2 años y se aproxima al de los no fumadores al cabo de 10 años. El efecto beneficioso del abandono del tabaco se ha observado tanto en población sana como en pacientes con problemas cardíacos.

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